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FORMACIÓN ¿CICLO “A”, “B” o “C”? La reforma litúrgica querida por el Concilio Vaticano II (cf. sacrosanctum concilium) pidió que en la eucaristía de los Domingos y fiestas se leyese la Sagrada Escritura de forma más variada y abundante, para lo cual estableció un ciclo de tres años, que se organiza así: cada año tiene asignada una de las letras A, B, C. Para determinar cuál sea el año A, B o el C, se procede de la siguiente manera: con la letra C se designa el año cuyo número sea divisible por tres, como si el ciclo hubiera empezado el primer año del cómputo cristiano. Según esto, el año 1 hubiera sido el año A, el año 2 el B, el año 3 el C, y los años 6, 9, 12… otra vez C, el año 1993 fue año A y el año 1994 fue B, y así sucesivamente… (cf. Introducción al leccionario de la misa, 66, nota 106). Según esta regla, para saber qué letra corresponde a cada año, se procede como sigue: En primer lugar regularizamos el año: si estamos en Adviento o en la parte del tiempo de Navidad anterior al 1 de Enero, tomamos el año civil siguiente. En los demás tiempos litúrgicos, el año civil actual sin más. Después se divide el año entre 3, sin sacar decimales.
v Si el resto de la división es 1, el año es A. v Si el resto de la división es 2, el año es B. v Si el resto de la división es 0 (división exacta), el año es C. Por ejemplo, 2007 entre 3 da 669 y resta 0, luego 2007 es año C. ¿Y no habría otra manera más fácil y rápida de calcular ese resto?. Sí, incluso sin necesidad de hacer la operación de división, gracias a una ley matemática, fácilmente demostrable, que afirma que el resto de dividir un número entero entre 3 es el mismo que el de dividir la suma de sus cifras entre 3. Por lo tanto, sumemos las cifras que forman el año: 2+0+0+7 = 9. Ahora, 9 dividido entre 3 da 3 y resta 0, como ya vimos anteriormente: año C. Si al hacer la suma resultara un número de dos cifras, para facilitar la división entre 3, volvemos a sumar éstas, hasta obtener un número de una sola cifra. Veamos algunos ejemplos: Año 1987: 1+9+8+7=25; 2+5=7, y 7 entre 3 resta 1. 1987 fue año A. Año 1998: 1+9+9+8=27; 2+7=9, y 9 entre 3 resta 0. 1998 fue año C. Año 2018: 2+0+1+8=11; 1+1=2. 2018 será año B. Y el próximo año 2010, que comenzamos ya en este Adviento: 2+0+1+0=3 entre 3 resta 0. 2010 comenzamos año C. Cada Ciclo se corresponde con uno de los tres evangelios sinópticos (“paralelos”). Para el ciclo A el evangelio de San Mateo, para el ciclo B el evangelio de San Marcos y para el ciclo C el evangelio de San Lucas. Quedando el evangelio de San Juan fuera de los ciclos, de manera que éste se utiliza comúnmente a los tres ciclos en solemnidades y celebraciones especiales, como por ejemplo en los santos oficios de Semana Santa: Jueves Santo, Viernes Santo y Vigilia Pascual.
Marco Antonio Rubio Gracia, Pbro.
¿QUÉ SIGNIFICA HACERSE HERMANO DE UNA HERMANDAD?
Hacerse esta pregunta es fundamental. Las Hermandades son asociaciones públicas de fieles con una finalidad principalmente cultual (buscan sobre todo “promover el culto público”: CIC 298 § 1, 301 § 1), aunque también se proponen el ejercicio de la caridad y del apostolado. Ninguna de estas funciones se pueden separar en la vida de una Hermandad. Por tanto, el que quiere incorporarse a alguna de ellas, se hace miembro mediante un acto personal por el cual, como creyente se ofrece a Dios y entra en comunión espiritual más estrecha con la Iglesia, comunidad de los seguidores de Jesús, entre los cuales se encuentran las Hermandades. Tal paso implica un compromiso serio, y significa la voluntad de profundizar su sentido y amor de Dios por una conversión que ha de proseguirse durante toda la vida.
Así pues, para hacerse hermano se ha de ser creyente y bautizado para estar capacitado al dar el paso de forma responsable ante Dios y la Iglesia, en este caso, representada por la Hermandad, para responder ante el compromiso que voluntariamente se va adquirir al pedir la admisión y jurar las Reglas.
Es necesario que antes de unirse a un Hermandad, haya un proceso de discernimiento y reflexión ante el paso que se va a dar. Esta actitud de discernimiento debe acompañarnos toda la vida, especialmente apoyada desde la Hermandad por los períodos de formación que ofrezca, tan necesarios para profundizar nuestra fe y el conocimiento de Dios y la Iglesia. Así como las normas morales. Es decir, se debe profundizar en la vida cristiana, e impregnarse del espíritu de las Reglas que marcan las pautas de la Hermandad y que siempre están en sintonía con las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia.
Después de su compromiso, el miembro de la Hermandad mira a los demás miembros de la misma como a hermanos y se ha de considerar a si mismo como un testigo de la vida cristiana en medio del mundo; y tomar más conciencia de ello en todos los ámbitos de su vida (familiares, profesionales, sociales, etc.) y cristianos (eclesiásticos, parroquiales, y cofrades).
Para todo cristiano, y por tanto para todo hermano, es importante la vida espiritual, que se ha de cuidar con la oración y el silencio personal. Esta vida de oración es favorecida en el seno de la Hermandad mediante los Cultos a los Sagrados Titulares, principalmente por medio de la celebración de la Eucaristía en quinarios, triduos, misas de Hermandad y la misa dominical. Es un modo de crear la comunión con Dios y con el prójimo y, depende sobre todo de una actitud interior para escuchar a Dios. También la Estación de penitencia es un momento privilegiado para la oración, la reflexión, y el sacrificio en silencio. Contemplando la Pasión, muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Momento central de la fe de la Iglesia. Por eso, se nos invita a que además de hacer la Estación de penitencia, asistamos y participemos, en la medida de lo posible, en los oficios del Triduo Pascual (Jueves Santo, Viernes Santo y Domingo de Resurrección).
Para cuidar y acrecentar no sólo la fe, sino la vivencia en Hermandad, ésta organiza actos de diversa índole donde los hermanos confraternizan: cultos, y otras actividades enfocadas al diálogo, la formación, la convivencia y el ejercicio de obras de caridad.
Marco Antonio Rubio Gracia, Pbro
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Tema:“VISIÒN GENERAL
SOBRE EL ABORTO”
9 de Noviembre:
Donación de sangre en nuestras dependencias
1 de Diciembre:
Visita a Utrera por el Año Jubilar
18, 19, 24, 25 y 26 de Enero: Semana Cultural de la Juventud
2 de Febrero: Retiro preparatorio de Cuaresma.
Desde que Dios anunció por medio de los profetas que enviaría un Salvador a la Tierra, hasta que llegó el Salvador, pasó un tiempo. Ese tiempo es el que los cristianos llamamos Adviento, que quiere decir llegada, venida. Durante el Adviento, los cristianos nos preparamos para celebrar la venida de Jesús al mundo, y comprende las cuatro semanas anteriores a la Navidad. El color propio de este tiempo es el morado y el rosa en el tercer domingo. Durante el adviento celebramos también una fiesta importante, la Inmaculada Concepción. El color propio para esa fiesta es el azul o el blanco.
Otro elemento muy simbólico y que cada vez se va imponiendo es la corona de Adviento. Se presta mucho a la creatividad, confeccionada de ramas verdes, en algunos lugares se adornan con frutos, aunque no deben abundar. Las velas son cuatro, una por cada semana que dura este tiempo de la liturgia, serán de colores variados y se irán encendiendo primero las de colores más oscuros hasta llegar a la última que ha de ser de color blanco; reflejándose que hemos pasado de la oscuridad a la luz con el nacimiento del Niño Dios. Durante este periodo el altar no se decora con flores, marcando así su carácter austero, aunque puede colocarse plantas naturales delante de él. La austeridad propia de este tiempo invita a que no haya música, si no es para acompañar el canto del pueblo. Si se acostumbra a poner música de fondo puede utilizarse canto gregoriano. La fiesta de la Navidad es la que se celebra; quizás, con mayor alegría y con más manifestaciones populares dentro de la comunidad cristiana. Estalla con toda su carga de emotividad la noche del 24 de diciembre, llamada la Nochebuena, brilla durante el día 25, se completa con la celebración del año nuevo, continua hasta el 6 de enero, fiesta de la Epifanía o de los Reyes Magos, y persiste para algunos hasta la Candelaria, el 2 de febrero. Durante este tiempo de Navidad se acostumbra poner a los pies del altar un misterio (Jose, Maria, Jesús) dando la sensación de que se celebra la Eucaristía sobre la cueva de Belén. Si durante el Adviento hemos realizado la corona, durante la navidad se puede colocar al Niño Jesús dentro y colocarlo a los pies del Ambon, así se expresa mejor la relación Palabra-Carne. El altar se ha de revestir más ricamente, incluso con algún tapiz por delante. El Ambón puede adornarse con un velo blanco, o bien alguna rama de abeto, o con un centro de flores que lo destaque. Las flores que se suelen utilizar estos días son: ramas de abeto, flor de pascua, acebo, muérdago, etc… . La música para ambientar y crear un clima de recogimiento y oración marcado durante este tiempo por la alegría y la fiesta deberán ser villancicos, alejándose de los que se cantan en las reuniones familiares
Pero,
¿Qué es, lo que celebramos los cristianos en la Navidad? Quizás sea bueno recordar las Normas Universales que aprobó Pablo VI sobre el año litúrgico en el año 1996. Después de la celebración anual del
misterio pascual, la Iglesia tiene como lo más venerado hacer memoria de la
Natividad del Señor y de sus primeras manifestaciones: esto es lo que hacemos
en el tiempo de Navidad. El tiempo de Navidad va desde las
primeras Vísperas de la Natividad
del Señor hasta la el domingo después de Epifanía, es decir después del día
6 de enero, inclusive.
La Misa de la Vigilia de Navidad se celebra en la tarde del 24 de
diciembre, ya sea antes o después de las primeras Vísperas.
El día de Navidad se pueden celebrar tres misas, según la tradición
romana, es decir, en la noche, a la aurora y en el día.
La Navidad tiene su octava ordenada de este modo:
El domingo entre el 2 y el 5 de enero es
el domingo II después de Navidad La
Epifanía del Señor se celebra el día 6 de enero, a no ser que se traslade al
domingo entre el 2 y el 8 por no ser día de precepto. El domingo después del 6 de enero se
celebra la fiesta del Bautismo del señor Después de esto sacamos dos conclusiones. La Navidad ocupa el segundo lugar en importancia del año litúrgico; después de la Pascua. Y hay una complejidad de fechas en las conmemoraciones de los cultos. Asimismo su ordenación sigue el calendario solar, coincidiendo siempre el mismo día y mes, independientemente del día de la semana. Mientras que en la Pascua de Resurrección se sigue el calendario lunar y cae en día variable del mes (puede ir desde el 22 de marzo al 25 de abril), pero siempre en el mismo día de la semana.
Los orígenes de estas fiestas eran muy diferentes a como las conocemos hoy en día, conviene destacar que durante los tres primeros siglos del cristianismo no se le presto importancia, celebrando solo la muerte y resurrección de Cristo. Para ellos, no tenía interés la conmemoración del nacimiento, quizás, porque no se sabía la fecha exacta en que ocurrió. Tuvo que pasar este tiempo para que comprendieran la importancia de que la venida al mundo de Cristo también merecía considerarse un acontecimiento salvador de primer orden. La introducción de la fiesta se produjo de forma diversa en Oriente y en Occidente, pero en ambos casos la fijación de la fecha estuvo relacionada con la existencia de fiestas paganas en honor del Sol y de la Luna. Entre el Oriente y el Occidente cristianos se produjo un intercambio de las dos fiestas del 25 de diciembre y del 6 de enero. Oriente acepto la fecha del 25 de diciembre para celebrar el específicamente el nacimiento de Jesús, sin dejar de celebrar y de conmemorar dicho acontecimiento en la fiesta de la Epifanía, y Occidente recibió la fiesta del 6 de enero en evocación al bautismo de Cristo, pero, al adquirir mucha fuerza la de la Navidad, la del 6 de enero se fue centrando en la conmemoración de los Reyes de Oriente, y dejando para el siguiente domingo la fiesta del bautizo de Jesús. Con todo, aún se alude en algunos textos de la liturgia (laúdes y/o vísperas) a todos estos aspectos el día 6 de enero. Por
último, otra fiesta que lleva a error en nuestros días y se sitúa fuera del
tiempo de Navidad aun perteneciendo a ella, es la fiesta de la
candelaria. Esta fiesta del 2 de febrero, pertenece al ciclo navideño.
Es una fiesta del Señor y de su Madre, la Virgen Maria, al mismo tiempo. Está
dedicada a la PRESENTACIÓN DE JESÚS EN
EL
TEMPLO, pero se recuerda también la Purificación de Maria, tal como
aparece en el evangelio de San Lucas (2, 22-40). Una característica especial de
la fiesta es la bendición y procesión de las candelas que constituyen los
ritos iniciales de la misa. Las candelas nos recuerdan el misterio de la
iluminación interior y su luz, es también símbolo del mismo Cristo: luz del mundo que ilumina a toda persona con su venida y aparición en
la Tierra
Cuando digo “ambientar”, me refiero a proporcionar a un lugar un contexto adecuado mediante la decoración, luces, objetos, etc. Por lo tanto “ambientar una iglesia”, sería crear un contexto para que los Sacramentos que allí se celebran tengan dignidad y puedan comunicar su fuerza y predisponga a los fieles a una participación plena. La palabra con la que se denomina al grupo de creyentes reunidos entorno a Jesús como cabeza es en griego, ekklesia. Hay por lo tanto una asociación entre el lugar y la realidad de grupo, no es de extrañar que haya habido un deseo de exteriorizar lo que la comunidad siente. La ambientación contribuye a expresar lo que se celebra, se vive y se comparte. Incluso la ambientación pude llegar a ser una catequesis para las personas que visitan nuestras iglesias y templos. La ambientación ayuda a la comunidad, no es lo mismo entrar en una iglesia donde todo está recogido, ordenado, que entrar en un templo donde vemos desorden en el ambiente, ruido, dejadez. Tener recogido no cuesta tanto … ¿o sí? No es igual entrar a un templo a orar, o, hacer una visita y encontrarse una iluminación inadecuada, una música poco apropiada, encontrarse unas voces de fondo. Todo ayuda, no solo la brillantez de la homilía o la grandiosidad de la imagen. La acogida, la iluminación, la música, la limpieza y el orden también contribuyen a crear un ambiente propicio donde el fiel consiga interiorizar sobre su vida, realice una plegaria personal o pueda rezar ante su imagen devocional. Cuando planteemos crear un ambiente hay que tener algunos principios. 1º El destinatario primero es el pueblo de Dios congregado. No podemos quitar la primacía que tiene las personas para dársela a las cosas, y la reforma litúrgica ha insistido en ello. 2º Hay que tener en cuenta la disposición de los diferentes lugares litúrgicos, especialmente el ambón, la sede, el altar y el lugar de la asamblea. 3º Hoy en día las celebraciones litúrgicas son dinámicas, por lo tanto el espacio debe favorecer estos movimientos, especialmente en las procesiones y en las celebraciones de los sacramentos. Naturalmente habrá que tener en cuenta el estilo arquitectónico del lugar. Una iglesia barroca o moderna y funcional no debería plantearse el mismo ambiente, la estética y el buen gusto deben ayudarnos a distinguir en la decoración.El espacio es importante para crear un clima que invite a la suplica, a la alabanza, a la reflexión, la petición, la contemplación, etc. Dejar fuera las prisas, el ruido, el estrés. Una música suave, una correcta iluminación, algún cuadro piadoso, En resumen, toda ayuda que a la primera toma de contacto nos ayude a meternos en ambiente con Dios. El altar, centro de cualquier celebración litúrgica. Es Cristo alrededor del cual se reúne toda la comunidad, centro espiritual de la iglesia. Por ese motivo ha de estar a la vista de todos. Hay dos tipos de altares, fijo y móvil. El primero, será formando una sola pieza con el suelo, de manera que no pueda moverse; y móvil, si se puede trasladar de lugar. Según el Derecho Canónigo; conviene que en todas las iglesias haya un altar fijo, y en los demás lugares destinados a celebraciones sagradas, el altar puede ser móvil. Según la práctica tradicional de la Iglesia, la mesa de altar fijo ha de ser de piedra, y además de un solo bloque de piedra natural; sin embargo, a juicio de la Conferencia Episcopal, puede emplearse otra materia digna y sólida. Tanto el fijo como el móvil, han de estar reservados solo al culto divino, excluido absolutamente cualquier uso profano. Por su naturaleza no ha de servir como una mesa cualquiera sobre la que dejar papeles, notas, vinajeras o cualquier otro objeto. Sobre la mesa de altar se puede poner tan solo aquello que se requiere para la celebración de la Misa, es decir, el Evangelio desde el inicio de la celebración hasta la proclamación de él; y desde la presentación de los dones hasta la purificación de los vasos, el cáliz, con la patena, el corporal, el purificador, la palia y el misal. También sobre el altar o junto a él debe haber una cruz, con la imagen de Cristo crucificado, de modo que resulte bien visible para el pueblo congregado. Conviene que esa cruz permanezca junto al altar también en los momentos en que no se celebran acciones litúrgicas, con el fin de traer a la mente de los fieles el recuerdo de la pasión salvadora del Señor. La mesa sagrada no debe ser alargada, sino más bien cuadrada o ligeramente rectangular, estará diseñada para el funcionamiento de un solo sacerdote, y no para los concelebrantes, se ha de construir separado de la pared, de modo que se le pueda rodear fácilmente y celebrar de cara al pueblo.Las flores transmiten sentimientos muy fuertes, por eso están siempre presente en los momentos importantes de nuestra vida, hay que procurar que sean flores naturales. Según el Derecho Canónigo se prohíbe adornar el altar durante el tiempo de Cuaresma, descartándose el domingo IV, las solemnidades y las fiestas. Las velas de altar han perdido su utilidad práctica ya que la iluminación eléctrica las ha reducido a una mera función estética y simbólica. En el caso del Cirio pascual, que no sirve para adornar la iglesia durante un tiempo especial, sino que representa a Cristo resucitado durante este tiempo y también en la celebración de los sacramentos que tienen su origen en la Pascua de Cristo. Otra cuestión que muchas veces nos preguntamos. ¿Cuántas velas se colocan en el altar, por qué y como?, el numero de velas sobre el altar o cerca de él puede ayudar a matizar una celebración más solemne de otra más austera. El número oscila entre dos, cuatro, seis o siete. Siete, cuando celebra el obispo la Eucaristía, pero siempre colocadas de forma que armonicen y como mínimo se señalan dos velas.El mantel sobre la mesa de altar no ha de ser, ni tan raquítico que no se vea, ni tan grande que no se vea el altar. Antes era costumbre cubrir el altar con tres manteles, actualmente solo se dice que al menos sea uno y que en la medida y ornamentación sea adecuado a la forma de la mesa. El ambón en la iglesia ha de existir, conforme su estructura y en proporción y armonía con el altar, un lugar elevado y fijo, dotado de la adecuada disposición y nobleza que corresponde a la palabra de Dios. El ambón debe tener amplitud suficiente, ha de estar bien iluminado y dotado de micrófono. Puede adornarse sobriamente en los días de mayor solemnidad y las flores que se coloquen junto al ambón, deberán guardar relación con las que se coloquen en el altar, ya que ambón y altar forman una unidad (la Palabra y la Eucaristía. La sede es otro de los lugares importantes de la celebración, la sede para quien preside la asamblea litúrgica y los asientos para los concelebrantes y los ministros deben colocarse en el sitio más conveniente del presbiterio, y que puedan ejercer sus respectivos oficios. Habitualmente no es un lugar que se suela arreglar especialmente para la celebración, en principio bastaría que la sede fuera tan noble que por ella misma resaltara.
“El
tiempo de la vida cotidiana” Todos los años, al terminar la Navidad, la Cuaresma o la Pascua hay una serie de domingos que parecen todos iguales, y además coinciden con la Semana Santa, la Feria, el Rocío. Se arranca el comienzo del calor, el verano, las vacaciones… y luego, a la vuelta, parece que seguimos con la sensación de que no celebramos nada hasta el Triduo de Nuestra Señora del Patrocinio. Al mirar el calendario, tenemos la sensación de una larga travesía, como la de Moisés por el desierto, salpicada de vez en cuando con algún puente, alguna fiesta. De las 52 semanas que tiene el año, 33 ó 34 pertenecen a este tiempo en el que “no pasa nada”. Es el llamado “tiempo ordinario”. Son las semanas que no pertenecen a un tiempo llamado fuerte: Adviento, Cuaresma o Pascua. Este tiempo; de ahí su interés, se parece a nosotros mismos, a nuestra vida cotidiana, donde habitualmente no tenemos grandes momentos estimulantes, ni nos suele pasar grandes cosas todos los días. Normalmente, vamos a trabajar, volvemos a casa y nos encontramos un ambiente de familia, charlamos, miramos la televisión, leemos. Así es nuestra vida, sencilla, sin altibajos. Y no por ello menos valiosa. En esta época de vida sencilla, podemos encontrar la alegría, la esperanza, el disfrutar de lo cotidiano, el afán del ir hacia delante, poniendo amor a nuestro alrededor, en los pequeños detalles de la vida. Es como la lluvia fina que va calando, y calando… y no nos damos cuenta hasta que llegamos a casa y vemos lo empapado que estamos. Esto mismo va haciendo Jesús con nosotros en la Eucaristía durante el tiempo ordinario. Este tiempo litúrgico está dividido en dos partes: 1ª Desde el final del tiempo de Navidad (lunes después del Bautismo del Señor) hasta el martes antes del Miércoles de Ceniza. 2ª Desde el lunes después de Pentecostés hasta el sábado antes del primer Domingo de Adviento
EL COLOR VERDE Durante el tiempo ordinario, tanto los domingos como los días laborales, el color de las vestiduras de los sacerdotes es el color verde. Normalmente, cuando hablamos del color verde nos referimos como el color de la Esperanza. También es el color de la naturaleza, de la vida que florece. Es un color que inspira PAZ.
De hecho, no hay motivos claros ni evidentes para que este sea el color del tiempo ordinario. Sí lo podemos asociar a la tranquilidad y la cotidianidad en el camino de seguir a Jesús durante este tiempo.
Diputación de Formación Antonio González
DESDE
LA FORMACION Delegado Diocesano de Hermandades y Cofradías, D. Manuel Soria Campos. Esta Asamblea Diocesana de Laicos va encuadrada en un proceso de reflexión sobre la realidad del laico y dentro del Plan Pastoral de la Archidiócesis de Sevilla. Hacia el otoño se van a celebrar una serie de conferencias donde os informaremos detalladamente del día, lugar y hora. Cuyo lema será: EL LAICO HOY. - TIEMPO ORDINARIO 1ª Parte El tiempo de la vida cotidiana - AMBIENTAR UNA IGLESIA - ADVIENTO Que celebramos en la Navidad - LOS OBJETOS, ESPACIOS Y SIMBOLOS - TIEMPO ORDINARIO 2ª Parte Cada domingo, la Palabra y el Pan - POR QUÉ LEEMOS LA BIBLIA EN LA MISA - CUARESMA Redescubrirla - PASCUA DE RESURRECCION El misterio
- LOS OBJETOS DE USO LITURGICO - TIEMPO ORDINARIO 3ª Parte Los días laborables
- LOS LIBROS DE LA SACRISTIA - PENTECOSTES
- OBISPOS, PRESBITEROS y DIACONOS 3º Continuaremos con los retiros de Adviento, Cuaresma y este año organizaremos el de Pentecostés 4º Para la juventud, está previsto seguir el temario sobre el libro: PASO A PASO “Itinerario de Fé para Hermandades y Cofradías” Además, para ellos, hay previsto varios retiros como el de Adviento y Cuaresma, excursiones para conocer nuestro entorno (Itálica, Castillo de la Inquisición, etc.), Belén viviente, visitas a talleres de orfebrería, bordados e imagineros. También hay pendiente organizar el trofeo de fútbol 7. En resumen, mucho dinamismo para este grupo que ha de ser el futuro y presente de la Hermandad. El Diputado de Formación Antonio González Gallardo
Desde
mi jura como Diputado de Formación el 23 de Septiembre el pasado año, han sido
dos los objetivos marcados. Mantener lo que se ha estado realizando
anteriormente e incrementar una formación integral mediante la creación
de retiros, cursos y formación de grupos dirigidos a toda la Hermandad y muy
especialmente a los más jóvenes. Referente a los Retiros hemos tenido:
Se han impartido cursos de formación para los Acólitos no instituidos y monaguillos, los días 14, 21 y 28 de enero y 4 de febrero. Todo ello bajo la supervisión de nuestro Director Espiritual y nuestro Capellán Rdo. P. D. Jose Agustín Carrasco, además de la participación del Diputado de Cultos y N.H.D. Antonio Ortiz; recientemente instituido como Lector, al finalizar el curso hubo un acto de convivencia (Documentación). Asimismo junto a la Diputación de Gobierno se ha continuado en la formación del Cuerpo de Diputados (Documentación). El primer acto que se tuvo con los más jóvenes fue la explicación de la Obra de nuestras dependencias por parte del Arquitecto N.H.D. Jacinto Perez Se han creado dos grupos de formación para los jóvenes de nuestra hermandad. El primero constituido por un número de 8 -9 jóvenes entre 10 y 14 años, y el segundo por un número de 10 – 12 jóvenes con edades comprendidas entre los 16 y 19 años. El primero ha tenido encuentros diversos como al tesoro de la hermandad de la Macarena, UNICEF y Belenes. También, junto al grupo de los “mayores”, hay pendiente una visita al Castillo de “La Inquisición” el próximo día 3 de Junio guiada por el Arqueólogo que dirigió dichas excavaciones D. Manuel Vera Reina. Referente al grupo de “mayores”, se han estado reuniendo bajo la coordinación de N.H.D. Abel Martos y la supervisión de nuestro Capellán, cada 15 – 20 días. Los temas tratados son de interés para ellos y su formación, pero siguiendo una línea marcada desde el principio: Catecismo, Reino de Dios, Retiros de Adviento y Cuaresma. Asimismo este año se ha contado con D. Manuel Ramírez Fernández de Córdoba en el acto de meditación literario musical del Stabat Mater el pasado día 1 de abril
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Pontificia, Real e Ilustre Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Expiración y Nuestra Madre y Señora del Patrocinio. |
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